Papel en blanco

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¿Qué es? Curiosidad

¡Cómo está durmiendo esa chica! Hace una hora ya que entramos en el vagón, aún no se ha despertado. La miro y abre los ojos de vez en cuando. Mira por la ventana, siente el sol directamente en su piel, y me sorprende que no le moleste, está brillando demasiado en esta mañana de agosto. Ella ni hace esfuerzos para taparlo con la cortina, vuelve a cerrar los ojos y sigue durmiendo sin que nadie la distraiga. Creo que me ha visto, pero ni siquiera mi intrepidez ha podido con su sueño. Parece más bien un oso polar, o un osito de los que están siempre hibernando, pero es agosto. ¿Estará bien? Me sigue llamando la atención, a mí, que soy tan inquieta que ni puedo parar tres horas sentada en un tren, en el mismo asiento, y ella... a saber cuántas llevará tan quieta, tan calmada, como si para ella la mañana no existiera. Por lo menos llevará una hora entera durmiendo, y las que le queden. Si se despierta intentaré acercarme a ella, pero dudo que hable con una niña tan pequeña como yo. Ella tampoco parece mucho mayor. Mi hermano también siente curiosidad por ella, intento cambiarme el asiento con mi padre para sentarme justo delante de su asiento, con la excusa de que mi mamá está durmiendo y quiero estar con mi hermanito, a ver si así puedo mirarla de cerca. A mi madre, que está a mi lado, ya le gustaría que me copiara de esa chica, y cogiera el incómodo asiento de tren como si fuera mi cama, a la que llegaré esta noche, pero yo no puedo evitar que aún es de día y estoy completamente despierta. Debería decirle a mi mamá que esa tendría que ser hija suya, qué contenta estaría. Espera, espera... ¿Qué es lo que están viendo mis ojos? Vuelvo a mirar para asegurarme. Justo ahora que mi padre me ha cambiado el asiento parece que ella se está despertando. ¡Vaya! Justo en el mismo momento que me dan los auriculares, la película empieza, y mi hermano ya ha visto el título. Esta nos va a gustar me dice, que es de dibujitos animados, de animales, sus preferidos. Él es mayor que yo, pero más tranquilo, y me gusta ver las películas con él en el sofá de casa, esto es un tren y aquí hay más cosas que mirar. A este chico no le interesan las cosas de mayores, a mí me gustan todas porque no las entiendo, me gustaría saber por qué esa chica viaja sin papá y mámá, sin hermanos, ¿estará perdida? No parece muy mayor.... La película empieza y los animalitos del parque de la película tratando de buscar cacahuetes para alimentarse, me he enganchado. Llevo un ratito con la película, pero ahora me giro y la veo ahí, de reojo, a través del hueco del antebrazo de los asientos, miro para atrás y allí está, despierta mirando hacia arriba, parece que también estaba viendo la película, tiene los auriculares puestos. Y me mira. Esta vez sí he conseguido su atención. Me mira con ganas de que aparte la vista y deje de invadir su espacio. Mi intrepidez me pide observarla, quiero ser su amiga pero mis papás nunca me dejarían hablar con desconocidos, no son niños son personas mayores, con más peligro. Yo no creo que ella tenga peligro. Vuelvo a mirar, esta vez con gesto de niña traviesa, más que de curiosidad, y me responde. Esta vez me ha devuelto una media sonrisa. Esta amistad yo creo que va a funcionar, aunque la edad, no sé... Siempre quise tener una hermana mayor, quizá ella pueda ser mi hermanita. Me gusta su pelo, es muy largo, el mío es corto pero tenemos el mismo color, si lo tuviera así de largo como ella también tendría las puntas más claritas. ¿Cómo se lo digo? Mis padres se van a enterar si hablo. La vuelvo a mirar. Me responde con una sonrisa. Le pego flojito a mi hermano en el hombro, para que él también mire. Tiene curiosidad y saca toda su cabeza por ese huequecito, la mira y ella ya responde sin dudar. A él le da tanta vergüenza porque es tan tímido, que, enseguida, se gira bruscamente y me regaña con sus ojos. Teresa, no hagas eso, invades el espacio de la gente, yo lo he sentido, eso estaba mal. Lo que él no sabe es que ella me deja, estamos creando un hilo invisible, una conexión que nadie más puede ver, es nuestra. No vi el final de la película, conseguí que la chica intercambiara gestos conmigo. Diferentes expresiones faciales, carita triste, sonrisas felices y miradas inquisitoras, mi intrepidez y su sinceridad se hicieron buenas amigas. Tanto, que hasta chocamos los cinco con las manos, y me dijo hasta luego ondeando su mano derecha. En cuanto entré en el tren ya tenía ganas de salir, se me había pasado el tiempo, le pregunté a mi papá y ya sólo quedaban diez minutos. La chica estaba empezando a recoger, y vi dos peluches pequeños, uno era un panda, me hubiera encantado que me lo regalara. De mayor tendré uno como ese. Papá, papá, vayamos a por las maletas, tenemos que salir pronto, le decía porque quería ver a esa chica antes de marchar a casa, y hablar con ella mientras salíamos del tren. Mi papá no me hizo caso, salimos, pero ya era muy tarde. Para mi sorpresa, la volví a encontrar porque nos perdimos por el camino del andén a la estación, y me volvió a sonreír. De mayor, quiero ser como esa chica, tener un panda, y viajar a muchos sitios haciendo amigos. Pero me prometeré a mí misma, viajar acompañada. Aún no sé por qué una chica así no tenía compañía. A lo mejor la estaban esperando, como a nosotros nos recibirían nuestros abuelitos, con la comida hecha ya en casa y muchos abrazos. 

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