Papel en blanco

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Un Economista.

Para una persona economista.

Dos más dos son cuatro.
Ocho por ocho son sesenta y cuatro.
El doble de diez es veinte.
Si todos los números con muchos ceros se suman, dan lugar a grandes cantidades que se pueden o no, conseguir. Las empresas obtienen muchos beneficios de esos, bien lo dejó claro el curso de economía pasado, sí, y ya terminado, por fin.
Como es de esperar, se me hace complicado dirigirme a usted, no sé si preferiblemente es mejor con respeto o con sorna, ya que alguna confianza hay.
No voy a alabarle, ni halagarle, no lo merece y no soy quien vaya a tratar de adularle.
Tan sólo, me limitaré a describirle, lo que veo tras de sí, lo que muestra, sin más. Al no ser tan precisa no podré adivinar completamente si miente, ha mentido o no.
Será algo que no juzgaré, de momento.
Mi juicio comienza desde hace poco tiempo, recordará, un bonito día de concierto en el cual las casualidades influyeron, sígame, por favor. Ya que sabe el resto de la historia, añadiré que otra coincidencia fue una página de Internet en común. Lo sabe.
La sorpresa comenzó cuando las personas comienzan a descubrirse, algo curioso.
Y allá está, usted.
Un animal llamado ser humano con raciocinio, el suficiente para estudiar economía y el mínimo para permitirse el lujo de divagar y dar paso a los delirios. Esos delirios propios de las noches que después de un día agotador te llevan a descansar y pasar un rato de pérdida de tiempo frente a la pantalla del ordenador.
Las conversaciones a esas horas no eran normales, no podían serlo. Tampoco es que a otras horas fueran diferentes, había de todo.
Unas sinceras palabras brotaban de la mente y eran trasladadas a la realidad virtual, simplemente, sin objeto de ser precedidas por premios o galardones, nada.
Amistad, dícese de aquella palabra que incluye a más de un individuo que comparten entre sí vivencias, llamémoslo así. Y no era amistad. Un mero interés hacia una persona nueva, eso sí. A día de hoy, 20-06-2010, se ha transformado ese interés.
Prosigo con el ser humano, esa persona inteligente y poco responsable, mayor pero a la vez todo un chaval (aparentaba menos de 20, decían), con una mente cuya mayoría de pensamientos compartía y yo estaba de acuerdo.
Original para su posición, ¿quién sino iba a darle importancia a una niña más? Sin duda, alguien que, según esas apariencias de tipo duro y chiquitito pero no tan matón, tenía un corazoncito en el fondo, y dulce, cabe añadir.
Un guardaespaldas necesario de momento, un guía excepcional, y una persona con una gran paciencia. Se reía, no esperaba que una adolescente chiquitita pudiera ocasionarle tantos problemas, bromeara con él y un poco más en serio le comentara que querría aprender guitarra, seguramente esa paciencia se desvanecería. Aún no.
Después de algún par de meses, de algunos intentos fallidos de visita y de informaciones varias además de un boli enviado directamente que sigue con vida, llega el final y el comienzo.
En esos momentos te mostraste como algo que se llama amigo, nadie esperaría esa preocupación por tu parte y esas palabras tuyas que me dirigían sin excusas a comerme el mundo, entero, este y otro más. Gracias.
Piromanías y risas esperan, inquietantes, unos días, tan sólo unos días ya.
Permaneces ahí, parece que no te has ido, que vas a seguir ahí, gracias.

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